
Curioso; el estar descalzo siempre me sitúa en la niñez, en la infancia. A juzgar por la foto de la contratapa de este disco, también. Lo es también una etapa de emociones genuinas y extremas. Y Pynandí Los descalzos, convierte a cualquiera en un niño. Es posible y pasible de calar en lo más seco del lagrimal y en erizar hasta la piel de un ornitorrinco.
No cabe duda que quién haya visto alguna vez en vivo al Chango Spasiuk, decreta su virtuosismo. Pero, de virtuosos está plagada la tierra. De artistas, no. Y el se encuentra en ese lugar. Es posible que cree una nostalgia propia de las mejores obras de Piazzolla. Esa nostalgia de viaje, paisajes y caminos. Además de su instrumento, los acompañamientos (o coprotagonistas) de violines, percusión, cello, guitarras, contrabajo y voces recrean una atmósfera dibujada y real. Fotos en constante movimiento. Sin principio y casi eternas. Sino, escuchar de madrugada: El Camino, Tristeza, Suite Nordeste (en todas sus partes) o las específicamente litoraleñas "Alvear Orilla / Estancia Santa María" y "La Ratonera". Con un sello personal y de emoción.